viernes, 9 de abril de 2010

Crónica del Jueves Santo (I)

Y llegó el día, el día en que comenzamos a sentir que estamos en el ecuador de la Semana Grande y que una vez que termine esta madrugá todo correrá a una velocidad increíble y terminará, pero toca disfrutar, porque es Jueves Santo y aunque la melancolía empiece a despertarse sabemos que es el Gran Día...

Avanzaba la tarde, hasta que la Cruz de Guía de la Hermandad de Jesús se plantó bajo el dintel de su puerta, entonces ya sabíamos lo que nos esperaba ver y sentir...
El primero de los pasos, el cual porta para muchos, al Señor de Sanlúcar con la cruz al hombro ayudado por Simón de Cirene, salía pasadas las ocho y la plaza de San Eustaquio lo recibía como cada año, con un fuerte aplauso. Sobre las ocho y media los ciriales de la Virgen de la Concepción ya se ponían en la calle, poco después el palio brillaba haciendo la primera revirá y en la que todas las miradas iban al cielo, pero al cielo del palio de la Virgen, que se estrenaba este año...

A las nueve y media, con puntualidad, ya se congregaba el cortejo en la calle Real, la Plaza Virgen de los Reyes esperaba ansiosa la llegada del Señor. Como cada año, la entrada en Recorrido Oficial fue maravillosa, tres marchas consecutivas tocadas por la Banda de Cautivo y Santiago, además del detalle del capataz, que colocó un ramo de claveles rojos en la puerta del Ayuntamiento en honor de Juan Escámez, antiguo costalero del paso. La Virgen de la Concepción entró con sones Macarenos interpretados por la Banda del Rosario hasta que se colocó bajo el reloj de la torre de Sta. María y el capataz ordenó parar el paso. No sin antes realizar el mismo gesto de colocar un ramo de claveles blancos para el anterior alcalde de Sanlúcar.

La cofradía recorrió en dos horas su itinerario de regreso, cuando daban la una de la noche, Ntro. Padre Jesús subía la cuesta de su plaza y hacía emocionar a muchos hermanos y devotos que se colocaron delante del paso hasta que entró en su templo. Mientras tanto el paso de palio de maya dorada subía la calle Marín Feria entre aplausos, lágrimas y "olés" de los llamados "cangrejeros". En la plaza de San Eustaquio se hacía esperar la Virgen, hasta que con la marcha "A ti Manué" se colocó en la puerta de la capilla, entrando con aires rocieros a las dos menos veinte de la madrugá...

No hay comentarios:

Publicar un comentario